si alguna vez te fuiste de tu casa, sabes que es un poco como irte de vos, de tus perfumes propios, de tus ojos recorriendo la cotidiana vida de tus dos ambientes, y aunque amanece en todos lados, y las noches llegan a todos por igual, la nostalgia que asoma en otra ventana, te dice que ese amanecer y esa luna no te hacen vivir hondo, que quisieras despertar en tu cama enredada entre sabanas y brazos que te tienen fuerte de madrugada, entre giros y giros hasta que sale el sol. Y no es igual. Mi casa tiene algo de mi, de nosotros, de lo que le fuimos dando para quererla y cuidarla, que nos sea bienvenida aunque hayamos salido solo para hacer las compras, de los colores propios en cada hora, de los muebles encontrados en la calle y su nueva vida entre nos, y de los caminos que Matilda deja con sus juguetes a toda hora.

Es entonces cuando te acordas de esas noches, donde las luces de fuego son uno mas hablando desde su calor, y se esconden entre los libros fagocitando el rincon que acuna los vasos de Kir...
Estoy de nuevo en mi, ya no soy fantasma entre mis cosas, ya no llego esporadica a cambiar mis ropas, ahora estoy en casa, en mi cama, enredada, atada y desvelada, con noches tipicas en las que Mati se cambia de cama, y luchando otra vez con las sabanas que se escapan de tanto girar.
Siento que recupere una burbuja perdida en es tiempo, hoy que vuelvo a ver este primer rincon que veo desde mi cama, cada vez que abro mis ojos con el afan de nunca levantarme, esperando que el viento entre por la ventana, y me ayude a despabilarme.
Estas son mis postales, las que llevo siempre conmigo, las que mas me hacen volver a mi...